viernes, 1 de julio de 2011

Los Cavernícolas de Ellora - Cuentos de Legendario I - Historias Completas

Los Cavernícolas de Ellora - Cuentos de Legendario I
Seis Historias Completas en un libro.



Callista Arman - El Impostor

Las esperanzas de Raye de tener un orgasmo se derritieron como su desvaneciente ensoñación. Muy bien, así que después de cinco años y medio de matrimonio, el sexo con Ian era un poco rutinario. Eso era de esperarse. ¿Pero tenía que sacar el tema del bar justo ahora? Había estado tan cerca de acabarse. Maldición.
Kieran MacKenzie jamás hablaría del trabajo durante el sexo.
“Si no hacemos algo para seducir a nuestra clientela para que vuelva”, dijo Ian, “sería casi mejor ni abrir”.
“Bueno, bueno”. Los últimos arrebatos de excitación de Raye se esfumaron. Ella e Ian habían puesto los ahorros de toda su vida en ‘Café y Panecillos’, un café muy moderno en el límite del distrito histórico. El tema escocés había sido idea de Raye; Ian había sugerido una decoración de selva tropical. Les fue muy bien durante un par de meses, hasta que la cadena nacional ‘Café Estrella’ abrió un megabar a menos de una milla de distancia, justo en la esquina de Broad y Main. Con estacionamiento. Así como así, el resultado del balance de ‘Café y Panecillos’ se había vuelto de un brillante y desagradable color rojo.
Si Ian y Raye no podían dirigir un parte del tráfico sediento hacia el interior de sus puertas con picaportes de bronce, iban directo a la bancarrota.
“Sí, tendremos que bajar nuestros precios”, dijo ella.
“¿Qué te parece hacer un día en el que si compras uno te llevas otro gratis, para el grupo de estudiantes?”. Preguntó Ian. Él dejó caer la cabeza en el doblez del hombro de Raye y aceleró el ritmo de sus embates. “Quizás hasta podría sacar la gaita de mi abuelo”.
Raye gimió, pero no de placer. Ella amaba todo lo escocés —a su marido, más que nada— pero Ian no tenía ningún talento para la gaita.
“Queremos atraer clientes, no hacer que se vayan”, le dijo ella.
Ian rió por lo bajo.
Ella le acarició el costado del cuello con la nariz. “Olvida la gaita. Pero  podrías vestirte con la ropa típica de las montañas escocesas que te compré”.
Él gruñó. “De ninguna manera. No me voy a poner una falda”.
“Es una kilt, no una falda”.
“Es lo mismo”. Un delicado estremecimiento reverberó por el cuerpo de él. “Dios, Raye, estoy cerca”.
Entonces él dejó de hablar, gracias a Dios. Raye se concentró en coincidir con el ritmo de sus embates cada vez más profundos. Una sensación suavemente placentera la invadió, pero no se parecía en nada a lo que solía ser. Cuando ella e Ian estuvieron juntos por primera vez, él le dio un estremecedor orgasmo tras otro. Pero ahora…
Ahora necesitaba fantasear con Kieran MacKenzie para ayudarse a acabar.
Pasó los dedos por entre los oscuros rizos de su marido. Era una pena que no se pudiera acabar sin una fantasía. Cerró los ojos y trató de perderse en la sensación de la verga de Ian deslizándose dentro de ella. Unos pocos embates más tarde, se diopor vencida. Simplemente no sucedía.
Tess nunca tuvo este problema con Kieran en Pasiones en las Montañas Escocesas.


B.J. McCall - Rompiendo las reglas

Tonta.
Los líderes de las unidades no se enamoraban de los miembros del equipo. El centro de su atención debía ser la misión, no un breve momento de placer físico. Como una de las pocas líderes de unidad mujeres y la única en este sector, Ri se negaba a dejar que sus sentimientos personales interfirieran con su trabajo.
Olvídate de él.
Hauser Wath, el presidente de la Compañía Minera Wath, la deseaba. Rico y guapo, Hauser le ofrecía lujos y fortuna, peroRi prefería enfrentarse a una vida de misiones peligrosas con Dancer a convertirse en la mujer de Hauser.
Una luz roja parpadeante penetró a través de sus párpados cerrados. Ri abrió los ojos y activó el audio.
“Identificar”.
Ri se levantó y giró a la izquierda.
Enemigos. Dos. Armados.
Dos insurgentes se aproximaban a las cataratas desde río abajo. Parado debajo del vapor, Dancer estaba expuesto y desprevenido.
Ri corrió por el sendero para interceptar al enemigo y sacó su rifle láser del portafusil que llevaba sobre la espalda. Se detuvo, bajó su rifle y eliminó a los insurgentes con dos tiros limpios. Cayeron a menos de veinte yardas de Dancer.
Enemigo eliminado.
Ri bajó la colina hacia la cascada. Para cuando llegó hasta Dancer, él se estaba abrochando los pantalones.
No mires.
Ri levantó su visor cuando él alcanzaba sus botas. Después de cerrarse las botas, él se paró. Su ancho pecho y sus hombros estaban cubiertos de gotas de agua. Ri penaba por lamer cada gotita de su piel.
Míralo a los ojos.
Su mirada se fijó en la de ella. “Me alegra que pasaras por aquí”.
¿Sabía él que ella lo había estado mirando?
Él se puso la camisa del uniforme y se calzó su sobaquera. Levantó su casco y estuvo armado y listo.
“Trae refuerzos la próxima vez. Es una orden”.
“Comprendido”. Él le estiró la mano. La misma que había usado para darse placer. “Gracias, LU. Le debo la vida”.
Los miembros del equipo se dirigían uno a otro usando sus apellidos, pero para Dancer ella era la LU. Lo que quería decir que, a pesar de todas sus misiones, las horas que pasaron planeando misiones y relajándose en la sala de estar de la base, ella era la Líder de la Unidad. No era una mujer, ni una amiga: era la jefa.


Lynn LaFleur - Abducción

Él dijo su nombre completo con esa voz baja y ronca y le hizo sentir un estremecimiento que bajó por su columna. Ella lo miró rápidamente. Él se apoyó contra la puerta, acariciándose el bigote, y la estudió detenidamente.
Mike apretó las manos sobre el volante y volvió a prestar atención al camino. “Te estás portando como un estúpido otra vez”.
“¿Por qué?”.
“Porque somos amigos”.
“Los amigos pueden ser amantes, también”.
Él le acomodó el cabello detrás del hombro y le acarició la nuca. El lento contacto del pulgar de él contra su mandíbula hizo que a Mike se le cruzaran los ojos. Él nunca la había tocado, no así… como un hombre toca a su amante.
Ella podría volverse adicta a su contacto en un abrir y cerrar de ojos.
Mike se reprendió mentalmente por dejarse llevar por una fantasía tonta y abrió la boca para decirle que dejara de embromarla. Una extraña luz en el cielo la hizo detenerse antes de decir palabra. Parecía una estrella brillante, sólo que el cielo estaba cubierto esta noche y no se veía ni una estrella. La luz parecía latir, pasando del amarillo al rojo al verde y repitiendo otra vez el ciclo de colores. “Mira eso”.
Jax se inclinó hacia delante y miró a través del parabrisas. “¿Que mire qué cosa?”.
“Esa luz. ¿Qué es?”.
“No lo sé, pero parece como si viniera directo a nosotros”.
Mike quedó boquiabierta cuando la luz se volvió más brillante y pareció tragarse su auto. Un segundo después, la luz había desaparecido.
Mike sacudió la cabeza y siguió conduciendo hacia la casa de Jax. Ella se sentía… diferente, pero no sabía por qué.
“¿Estás bien, Michaela?”, preguntó Jax suavemente.
“Sí, eso creo. Eso fue extraño, ¿no?”.
“Muy extraño”. Él tiró de un rizo de ella que estaba cerca de su oreja. “Quizás era un OVNI”.
“Ja, ja”.
Mike se metió en la entrada de la casa de Jax. Dejó el motor encendido mientras él se desabrochaba el cinturón de seguridad.
“¿Quieres pasar a tomar un café?”, preguntó él.
No era extraño que él le ofreciera pasar a su casa o que ella aceptara la invitación. Por alguna razón que no comprendía, ella se sintió incómoda al pensar que estaría a solas con Jax esta noche. Dijo que no con la cabeza. “Mejor me voy a casa”.
“Ey, todavía es temprano. Son sólo…”. Él se detuvo al mirar el reloj del tablero. “¿Qué mi…? ¿Está bien ese reloj?”.
“Por supuesto que sí”. Mike echó un vistazo al reloj. Sus ojos se agrandaron por el impacto. Decía 5:48.
“No puede ser, Mike. Dejamos la casa de Tim a eso de las once. Son sólo veinte minutos en auto desde su casa hasta aquí”.Jax se movió en su asiento para mirarla de frente. “Tu reloj debe estar mal. No puedo ver el mío. Enciende la radio”.
La expresión seria en su rostro hizo que Mike se estremeciera. Con la mano un poco temblorosa, giró la perilla del volumen.
“… altas hoy con cuarenta y cuatro grados y vientos del norte a una velocidad de entre quince y veinte millas por hora. En este momento, son las 5:49 y la temperatura es de treinta y tres grados”.
Comenzaba a sonar la canción “Hotel California”, mientras Mike trataba de comprender lo que había escuchado. Las siete horas simplemente se habían esfumado. No era posible. A Mike le empezaron a sudar las palmas de las manos. “No lo entiendo”, susurró.


Cricket Starr - La novia del piloto de la oscuridad

Caía la noche. El sol se ponía a su derecha, y Josia tuvo que girar dolorosamente la cabeza para ver cómo se hundía el disco rojo verdoso detrás del contorno marrón del bosque. Como sus manos estaban atadas a la rama de un árbol sobre su cabeza, no había mucho más que pudiera hacer.
Un pequeño destello y se habría ido. La sacudió una sensación de desesperanza cuando la luz que quedaba se desvaneció en el cielo y dio paso al oscuro púrpura de la noche. Su última puesta de sol, la última vez que vería el sol de este mundo mal parido en donde había nacido. Mañana a esta hora estaría muerta… o se habría ido.
O peor.
Josia suspiró. Su vida hasta ahora no había sido emocionante, pero lamentaba ver que terminara; de ahí, las ataduras. Los mayores de la colonia no correrían ningún riesgo con la última “novia” para entregar a cambio de provisiones de las colonias interiores. La guerra en otra parte del sector había desbaratado varias visitas esperadas, lo que convirtió lo que debía ser un corto intervalo en más de quince años hasta hoy. Si esta transferencia fallaba, podía significar que no recibirían más apoyo de afuera.
Hacía mucho tiempo, se hizo un trato con la Liga de los Pilotos de la Oscuridad, que controlaba el tráfico espacial en este cuadrante. Una nave vendría una vez cada varios años con correspondencia de los planetas de origen, además de las muy necesarias provisiones médicas y técnicas, que sólo se podían fabricar fuera del planeta. Se llevaría los productos artesanales que producía la colonia: figuras talladas a mano y tela tejida con materiales nativos. Algunos de los mejores tejidos de Josiaestaban apilados en canastos en el borde del claro en el bosque.
A cambio, la Liga pedía alguna que otra cosa como pago: un donante de sangre humana para el Piloto de la Oscuridad que controlaba la nave, alguien para picar durante su largo viaje por las estrellas. Josia no pudo evitar estremecerse, los Pilotos de la Oscuridad eran vampiros. Como las donantes eran generalmente de sexo femenino y los pilotos, masculinos, se habíainventado el término novia para el sacrificio, pero todos sabían que las esperaba un destino más negro.
Ninguna novia había vuelto jamás, y Josia sólo podía imaginarse lo peor.


Charlotte Boyette-Compo - El Club de los Miércoles

Eran hombres extraordinariamente guapos y mientras andaban por el angosto camino que llevaba a la habitación donde mantenían sus reuniones quincenales, las mujeres se daban vuelta para mirarlos y suspirar y fantasear con cómo se sentirían al estar en los brazos fornidos de esos guerreros.
“Esos hombres tienen su reputación”, comentó una mujer de mediana edad. “Es un secretito sucio lo que hacen los miércoles”.
“Ellos pueden hacer lo que les guste sin nadie que los contradiga”, señaló su compañera.
“Corydon es el más hermoso, ¿no creen?”, preguntó la dueña de la tienda a sus clientes.
“Sí”, acordó la mayor de las dos clientas con una sonrisa soñadora sobre su arrugada cara. “Él puede dejar sus botas bajo mi catre cuando quiera”.
“Yo agarraría cualquiera de los seis”, dijo la hija de la clienta, “pero con Brion se me hace agua la boca”.
“¡Kaia, por favor!”, la reprendió su madre. Ella se abanicó con energía. “Esas palabras son muy inadecuadas para una doncella”.
Brion miró a su alrededor y cuando sus ojos encontraron los de Kaia, levantó una ceja rubia y maliciosa. Una pequeña sonrisa estiró sus labios.
“No la alientes, Brion”, contestó rápidamente Keltyn, codeando a su compañero. “¿Quieres que se meta en la habitación? ¡Éste es el primer miércoles, no el tercero!”.
Brion suspiró. “Sí, lo olvidé”. Él frotó su mandíbula sin afeitar. “Da igual, creo”.
Corydon había empezado el club tres años atrás para darles algo que ocupara su tiempo cuando no tenían obligaciones militares. Se encontraban dos veces al mes para cometer en privado algunos de los pecados sobre los que les habían advertido durante la niñez: la gula, el juego y la lujuria. Las mujeres que traían a su club eran para el placer solamente, sin malentendidos respecto al compromiso y esas cosas. Era estrictamente para el entretenimiento de los hombres, sin que hubiera ninguna posibilidad de caer en la trampa del bichito del matrimonio. Lo que sucedía en el club, se quedaba en el club.


Elizabeth Lapthorne - Esposas de amor

Ma´ra estaba parada en la puerta del sórdido bar. Un humo que no quiso identificar formaba espirales que subían hasta el cielorraso cubierto de numerosas manchas en la habitación mal iluminada. Quizás oficialmente no estaba de guardia, pero como había aprendido una y otra vez por el camino difícil, una merc nunca parecía saber cuándo desconectarse.
Ahora que lo pensaba, esa había sido una de las quejas más grandes de Steven acerca de ella cuando su breve relación terminó. Darse cuenta por sí misma de la cuestión fue uno de los motivos más fuertes detrás de su decisión de no contactarlo esta vez durante su corta estadía.
Apoyó su mano sobre su pequeña pistola de electrochoque y tragó al recordar el otro motivo para no contactarse con su ex amante. Ella podría necesitar ayuda para lidiar con el hombre que estaba persiguiendo esta noche, pero lo que había planeado rozaba lo ilegal, por cualquier ángulo que se lo mirara.
También entraba en la categoría de total y completamente ilegal de otras numerosas maneras imaginables.
Ma´ra enderezó su columna; su rostro llevaba la marca de la determinación.
Elise podría ser delicada, podría ser joven y prácticamente incapaz de hacerse cargo de sí misma, pero aun así ella era la única pariente sanguínea que Ma´ra tenía en todo el universo. Ella se había sentido tentada hacía mucho tiempo de dejar queElise se hiciera cargo de sí misma y aprendiera algunas cosas por el camino difícil. Pero siempre recordaba el parentesco entre ellas y una vez más salvaba a Elise de sus propias acciones. Ma´ra tomaba sus responsabilidades con seriedad, sin importarle cuánto deseaba que las cosas fueran de otra manera.
Elise se quejaba de que Ma´ra viajara a otros planetas y galaxias constantemente, pero nunca se quejaba sobre la parte considerable que Ma´ra siempre le daba de sus créditos.
Ma´ra sonrió socarronamente. Elise podía lloriquear, pero sin duda sabía bien qué le convenía.
Ma´ra se hizo levemente a un lado cuando la puerta detrás de ella se abrió y dejó entrar a otra prostituta apenas vestida. Al sentir que le brotaba la compasión desde adentro, resistió el impulso de hacer a un lado a la jovencita apenas púber, llenarle las manos de créditos y decirle que volviera a casa y regresara con sus padres y a sus estudios. Aunque las nuevas reglas para las prostitutas señalaban que la edad del consentimiento legal eran los diecisiete, Ma´ra nunca pudo tolerar la juventud de esas prostitutas.
Pero sabiendo que darle créditos a la criatura y tratar de sobornarla para que volviera a su casa no resultaría en nada más que en el desprecio de la muchacha, Ma´ra suspiró tristemente y trató de concentrarse en el otro lado del humeante bar. El resquicio de luz de la puerta abierta ayudó a Ma´ra a ver a su presa.


Me llevo (01)

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